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viernes, 15 de septiembre de 2017

Figuras estilísticas

1. Determina qué figura o figuras estilísticas aparecen en los siguientes versos:
●      "La libélula vaga de la vaga ilusión" (Rubén Darío).
●      “Por ti la verde hierba, el fresco viento, / el blanco lirio y colorada rosa / y dulce primavera deseaba...”
●      A Dafne ya los brazos le crecían. (Garcilaso de la Vega)
●      "A las aladas almas de las rosas..." (Miguel Hernández).
●      Del monte en la ladera /  por mi mano plantado tengo un huerto (Fray Luis de León).
●      "en el silencio sólo se escuchaba / el susurro de las abejas que sonaban"(Garcilaso de la Vega, Égloga III).
●      “Porque son niña,  tus ojos / verdes como el mar, te quejas; “ (Bécquer)
●      “Tu corazón, ya terciopelo ajado,” (Miguel Hernández)
●      “Vientos del pueblo me llevan, / vientos del pueblo me arrastran,” (Miguel Hernández).
●      “Es tu mejilla temprana / rosa de escarcha cubierta / en que el carmín de los pétalos / se ve al través de las perlas,” ((Bécquer)
●      “Por una mirada, un mundo; / por una sonrisa, un cielo; / por un beso... ¡Yo no sé / qué te diera, por un beso!” (Bécquer)
●      “Es tu boca de rubíes /purpúrea granada abierta” (Bécquer)
●      «Porque te miro y muero» (Mario Benedetti).
●      “Acude, corre, vuela / Traspasa la alta sierra, ocupa el llano / No perdones la espuela / no des paz a la mano; menea fulminando el hierro insano.” (Fray Luis de León)
●      "Oye el sórdido son de la resaca, infame turba de nocturnas aves" (Góngora).
●      “Blanco tu ardiente fuego y frío hielo...” (Herrera)
●      “El prado y  valle y gruta y río y fuente /responden a su canto entristecido.” (Herrera)
●      "Los suspiros se escapan de su boca de fresa" (Rubén Darío).
●      "En el silencio sólo se escuchaba / un susurro de abejas que sonaba" (Garcilaso de la Vega)
●      “Temprano levantó la muerte el vuelo, / temprano madrugó la madrugada, / temprano estás rodando por el suelo. / No perdono a la muerte enamorada, / no perdono a la vida desatenta, / no perdono a la tierra ni a la nada.” (Miguel Hernández)
●      “Hay un palacio y un río y un lago y un puente viejo, / y fuentes con musgo y hierba alta y silencio ... un silencio.” (Juan Ramón Jiménez)
●      “Cuando sobre el pecho inclinas / la melancólica frente, / una azucena tronchada / me pareces” (Bécquer).
2. Determina qué figura o figuras estilísticas aparecen en el siguiente poema:

No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira.
Podrá no haber poetas, pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a do camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían,
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila,
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!


jueves, 20 de octubre de 2011

Comentario "La noche oscura del alma"


COMENTARIO DE “LA NOCHE OSCURA DEL ALMA”, DE SAN JUAN DE LACRUZ.

Por Rafael Roldán Sánchez.

Noche oscura del alma


En una noche oscura
con ansias en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada

A oscuras y segura
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto que nadie me veía
ni yo miraba cosa
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba
allí quedó dromido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena
cuando yo sus cabellos esparcía
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme;
el rostro recliné sobre el amado;
cesó todo, y dejéme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.


TEMA.

El tema del texto es el encuentro de una muchacha, en la noche, con su amante.


 RESUMEN.

Una joven cuenta cómo, en plena noche, aprovechando la tranquilidad de esa hora, sale a escondidas de su casa y va a reunirse con su enamorado. Envuelta en la oscuridad, se deja dirigir por la luz de su propio amor hasta el lugar de la cita, donde la pasión de los amantes culmina. A continuación, relajados por la brisa nocturna, los amantes se adormecen, primero, el amado velado por la amada, por último, ella misma.


ESTRUCTURA.

El texto se puede dividir en cuatro partes:

-Primera parte (estrofas 1ª y 2ª): trata de cómo la muchacha escapa de su casa.
·          Primera subparte (vv. 1º-3º): el amor es el motivo de los actos de la muchacha.
·          Segunda subparte (vv. 4º-5º): nadie nota su marcha.
·          Tercera subparte (vv. 6º-10º): la muchacha sale sin luz y a escondidas.

-Segunda parte (estrofas 3ª y 4ª): muestra a la muchacha, ya fuera de la casa, yendo al encuentro del amado;
·          Primera subparte (vv.11º-12º): la muchacha avanza sin ser vista por nadie.
·          Segunda subparte (vv. 13º-18º): el amor que siente la orienta en la oscuridad.
·          Tercera subparte (vv. 19º-20º): su amado la espera en un lugar solitario.

-Tercera parte (estrofa 5ª): expresa el clímax que provoca el encuentro de los amantes.
·          Primera subparte (vv. 21º- 24º): apelación a la noche, que ha hecho posible la reunión de los amantes.
·          Segunda subparte (v. 25º): los amantes se funden en uno con el otro.

-Cuarta (estrofas 6ª, 7ª y 8ª): describe la relajación que sigue a la pasión del encuentro.
·        Primera subparte (estrofa 6ª): muestra la dulzura de la amada al velar el sueño del amado.
·        Segunda subparte (estrofa 7ª): el aire nocturno exacerba los sentidos de la amada.
·        Tercera subparte (estrofa 8ª): la amada se abandona a ese sueño.


RECURSOS ESTILÍSTICOS.

Al comienzo del poema, la alegría de la amada se destaca con recursos enfáticos, de repetición, como:
·         La aliteración de nasales en el 2º verso: “con ansias, en amores inflamada”.
·         La aliteración de s en el 4º verso: “salí sin ser notada”.
·         La repetición de la exclamación del 3º verso en el 8º: “¡oh dichosa ventura!”.
También resalta este estado de ánimo el hipérbaton del 2º verso, que adelanta el complemento circunstancial de modo, “con ansias, en amores inflamada”, al verbo, “salí”.
La facilidad con que la noche disimula la salida de la amada también se subraya con el mismo tipo de recursos:
·         La anáfora de “a oscuras” a comienzo de los versos 6º y 9º, entre los que hay un paralelismo.
·         El pleonasmo del verso 1º, “noche oscura”, que parece querer dar mayor intensidad a un rasgo natural en la noche, como es la oscuridad.
·         La repetición del mismo verso al final de las dos estrofas: “estando ya mi casa sosegada”.
Esta importancia de la noche como tiempo idóneo para encontrarse con el amado se acentúa con:
·         La elipsis de “salí sin ser notada”, que se debe sobrentender en la segunda y tercera estrofas. Mediante esta elipsis, el poeta prescinde de la acción para insistir, sobre todo, en el ambiente que rodea a la amada, pues su relevancia en la unión de los amantes es esencial, como se intentará explicar en el comentario crítico.
·         Los hipérbatos de los versos 1º y 11º, donde los complementos circunstanciales de tiempo, “en una noche oscura” y “en la noche dichosa”, preceden al verbo “salí”, explícito en la estrofa 1ª y sobrentendido en la 3ª.
·         La personificación de la noche: primero en el v. 11º, “noche dichosa”, que atribuye a la noche los sentimientos de la muchacha; después, en la apóstrofe de la 5ª estrofa, donde la noche es representada a modo de celestina que reúne a los amantes.
·         La paradoja del verso 21º, “¡Oh noche, que guiaste!”, en la que la noche realiza una acción en apariencia imposible a causa de su oscuridad, la acción de “guiar” a los amantes, pero que indica que es esa oscuridad precisamente la que ha facilitado el encuentro de ambos al protegerlos de las miradas ajenas.
·         La antítesis del verso 22º entre la “noche” y la “alborada” , que destaca de nuevo la importancia de la oscuridad de la noche al considerarla superior a la luz del día.
En contraste con la negrura externa de  la noche, en el poema el amor aparece representado con la metáfora de la luz interior. El amor es luz, “luz y guía” (v.14º), porque es fuego, “en el corazón ardía” (v.15º). Antes, en el v. 2º, ha aparecido ya esta metáfora que identifica al amor con el fuego, “en amores inflamada”, muy habitual en esta época para referirse al  poder que este sentimiento tiene sobre el ánimo de los enamorados. Aquí, sin embargo, el fuego del amor parece ser el impulso que lleva a la muchacha hasta el amado, como parece poner de manifiesto la hipérbole de los versos 16º y 17º, “aquesta me guiaba/más cierto que la luz del mediodía”, donde el amor es una fuerza que proporciona seguridad a la amada en su camino.
La estrofa 5º acumula gran cantidad de recursos porque en ella se produce el hecho esencial del poema, la unión amorosa de los amantes, expresión máxima del amor. Entre estos recursos sobresalen:
·         La apóstrofe a la noche, resaltada por la exclamación, por la anáfora de “oh noche” (al comienzo de los versos 21º, 22º y 23º) y por el paralelismo que repite el  vocativo (“oh noche”) seguido de una subordinada adjetiva (vv. 21º y 23º) o de un adjetivo (v.22º). La vehemencia de esta apóstrofe sugiere el intenso sentimiento que experimenta la amada.
·         La derivación y la aliteración de m y d en los versos 24º y 25º, “Amado con amada,/ amada en el Amado transformada”, que evocan el éxtasis al que llegan los amantes, al sugerir que pierden la conciencia de ser seres distintos.
En los versos siguientes, las “ansias” de la amada al comienzo del poema se han transformado, tras el goce del amor, en una actitud relajada y dulce. Como antes se ha hecho con la noche y la luz interior, se vuelven ahora a utilizar la metáfora, la personificación del ambiente y la aliteración para mostrar esa sensación de paz espiritual:
·         Las metáforas referidas a los amantes los revisten de belleza: el “pecho” de la amada es “florido”, como un prado, al tiempo que el cuerpo del amado es “azucenas” sobre las que reposa la amada. Sin embargo, estas metáforas parecen aludir, más que a una descripción física de ambos, al sentimiento de felicidad serena que los embarga. Esta es la interpretación que tendrían los dos últimos versos, “dejando mi cuidado/ entre las azucenas olvidado”, en los que las “azucenas” (el cuerpo del amado) dan reposo a la inquietud (“cuidado”) de la amada.
·         El ambiente acogedor, protector, se evoca a través de la sensación provocada por el aire, que se describe con la metáfora que transforma los cedros en un abanico (“ventalle de cedros”, v. 30º) y con la personificación del aire en la 7ª estrofa, donde éste aparece casi como otro amante, sobre todo a través de la metáfora que identifica la relajación de los sentidos con una herida (“con su mano serena/en mi cuello hería/y todos mis sentidos suspendía”).
·         La aliteración de d y m en los versos 36º (“Quedéme y olvidéme”) y 38º y 38º, apoyada en una derivación, (“dejéme,/dejando mi cuidado”), potencia la idea de paz con que la muchacha se abandona al descanso.


COMENTARIO CRÍTICO.

En el comentario crítico se deben explicar las dos posibles interpretaciones del poema: la religiosa y la erótica.
Si se considera el poema desde un punto de vista religioso, en él se describe la experiencia mística del poeta desde que su alma, la amada, está purificada hasta que se une a Dios, el amante. La escapada nocturna representa el camino recorrido por el alma, en el que se distinguen tres pasos necesarios: la vía purgativa, la vía iluminativa y la vía unitiva. Cada una de estas “vías” se refiere a un estado distinto de la vivencia del místico. El místico es un hombre que logra “fundirse” con Dios, sentirlo dentro de sí. Para llegar a ese momento de exaltación espiritual en que el hombre deja de ser él mismo porque Dios ocupa todo su ser, el místico ha de pasar por distintos momentos que lo han preparado para esa situación sublime.
El primero de esos momentos es la vía purgativa, que tiene como fin purificar el alma para hacerla digna de Dios. Esta purificación se consigue a través del alejamiento de todas las tentaciones y preocupaciones terrenales, de modo que nada pueda distraer al alma del anhelo de encontrar a Dios. La “casa sosegada” sugiere esta calma del espíritu, distante de cualquier inquietud que lo perturbe. La “noche” que ayuda a la amada no es la noche del mundo real, la oscuridad que esconde a la amada de la vigilancia de aquéllos que podrían impedir su amor. La noche es la noche del espíritu, un estado del alma en el que ésta no presta atención a nada externa, porque para que Dios entre en ella, el alma debe olvidarse del mundo y concentrarse sólo en ella.
Ya en esa noche, donde el alma está sola, comienza la vía iluminativa, el paso en el que el alma ve o siente la presencia de Dios. Este momento está simbolizado en el texto por la luz “que en el corazón ardía”. En un texto que trata sobre el alma y Dios, la luz tiene que ser necesariamente una luz interior, Dios hace arder en el corazón, porque esa luz es una gracia que Dios concede al alma para señalarle su presencia. La luz es, en suma, una muestra del amor de Dios.
En el verso 25º, “amada en el Amado transformada”, se produce la realización de la “vía unitiva”. En esta última vía, el alma logra sentir plenamente a Dios en ella y pierde la conciencia de sí misma, llega a ser un solo ser con Dios. En esta experiencia, el alma deja de ser ella misma para formar parte de la divinidad y vivir una sensación que está más allá de la razón humana. Sólo la noche le sirve para explicar esta vivencia de unirse a Dios, puesto que en la noche parece no existir nada salvo Dios.
Las últimas estrofas descubren la felicidad del alma tras el encuentro con Dios. En ellas, el alma revela una actitud distinta de la del inicio del poema. Ahora, todo el entorno es un reflejo del amor: los cedros, la almena, el aire y las metáforas de las flores forman un mundo donde todos los elementos son cómplices del amor y aíslan a los amantes. Este mundo reflejaría la impresión de paz y de belleza que deja Dios en el alma del místico.
A esta interpretación religiosa del poema, es posible oponer otra tan sólo humana. El poema puede ser leído como un poema de amor sin más, donde una muchacha relata una noche de amor con su amante. Aunque el propio poeta confirmara la explicación religiosa de sus versos, no tuvo más remedio que escoger de la tradición poética erótica los elementos que le permitieran evocar, lo mejor posible, su vivencia mística. Y estos elementos de la poesía amorosa anterior permiten entender los versos como simples versos de amor.
El más importante de estos elementos es la muchacha escogida para representar al alma. La muchacha que habla en el poema es semejante a todas las otras muchachas que nos expresan su angustia o su felicidad en la poesía tradicional española: las jarchas, las cantigas de amigo o los villancicos castellanos. Nada hay en ella diferente, salvo esa la luz que arde en su corazón, pero también esta metáfora de la luz o fuego de amor se encuentra con frecuencia en la poesía de tradición provenzal y en la lírica cortés del siglo XV. También en la poesía tradicional se da con relativa frecuencia el encuentro en la noche de los amantes. El romance de Gerineldos es uno de los ejemplos más bellos de este tópico.
Una tradición amorosa distinta a la española domina en las últimas estrofas: la del “Cantar de los cantares”, el poema bíblico atribuido a Salomón en el que el rey declara su amor a una joven. Los cedros, el almena y los cuerpos de los amados transformados en elementos naturales, las flores en este caso, pueden estar determinados por la influencia de ese poema.
Además, en el texto rige desde el principio hasta el final la pasión de la voz de la muchacha. El poeta, San Juan de la Cruz, puede insistir en que intenta desvelar la unión entre el alma y Dios, pero los sentimientos del poema son tan extremos, tiernos e ingenuos, que crean la impresión de ser en verdad los propios de una muchacha enamorada. Al comienzo, el cuidado con que sale de su casa para no ser descubierta sugiere el miedo propio de una joven consciente de que hace algo impropio, merecedor de un castigo. En ningún momento son estos sentimientos los de un alma que sale al encuentro de Dios. La alegría de la exclamación, “¡oh dichosa ventura!”, parece más bien la alegría de la muchacha que elude la vigilancia de los que impedirían su salida hacia la cita con el amado. Esa misma idea se encuentra en los versos siguientes, cuando la amada insiste por dos veces en la ausencia de testigos: “en secreto, que nadie me veía” (v.12º) y “en parte donde nadie parecía” (v.20º).
En las exclamaciones de la quinta lira del poema converge una confusión de alegría y placer que puede explicarse como manifestación del éxtasis erótico. En los versos que siguen a esta lira, predominan las sensaciones físicas: la suavidad y hermosura del pecho de los amantes (“pecho florido”, “azucenas”), la frescura del aire y el movimiento de los árboles (“el ventalle de cedros”), la sensibilidad de la piel ante la brisa (“el aire del almena…en mi cuello hería”), el deleite de acariciar el pelo del amado (“cuando yo sus cabellos esparcía”) y la laxitud del cuerpo tras el amor (“el rostro recliné sobre el amado”).  Estas sugerencias corresponden con bastante acierto, a pesar de la intención del poeta, a un cuerpo agotado y, al mismo tiempo, con los sentidos exaltados después de haberse entregado al amor.
Por último, la pasión amorosa que se desprende de todo el poema, que da sentido a la alegría de la muchacha, se debe a una circunstancia fundamental: desde la primera estrofa, se deja claro que el amor de la muchacha es un amor oculto, probablemente ilícito. Ya hemos comentado algunos de los versos de los que se deduce esta idea, sin embargo el que la manifiesta de un modo más preciso es el sexto: “por la secreta escala, disfrazada”. El empeño y el valor de la muchacha por superar cualquier obstáculo, hacen que su amor sea el amor de una persona para la que el amor es tan importante que desprecia cualquier otro tipo de circunstancia: el castigo de la familia, la vergüenza social, la duda sobre si es realmente amada. Se trataría, en conclusión, de un amor tan inocente y tan fuerte que se ajusta de un modo natural al amor tal y como lo sentiría una joven enamorada, sea o no símbolo del alma de un místico.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Comentario del soneto V

SONETO V



Escrito está en mi alma vuestro gesto
Y cuanto yo escribir de vos deseo:
Vos sola lo escribistes; yo lo leo
Tan solo que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto,
Que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
De tanto bien lo que no entiendo creo,
Tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
Mi alma os ha cortado a su medida;
Por hábito del alma misma os quiero;
Cuanto tengo confieso yo deberos;
Por vos nací, por vos tengo la vida,
Por vos he de morir, y por vos muero.



COMENTARIO

[Localización] El texto es uno de los 38 sonetos petrarquistas que el mismo Garcilaso, junto con Juan Boscán, introdujeron en España y que dan forma definitiva a este tipo de estrofa hasta nuestros días. Forma parte de uno de los principales trabajos de Garcilaso, junto con las Églogas y las Canciones.
Este es uno de los poemas en los que el poeta alude a su amor por Isabel Freire, dama de la corte portuguesa que marcará los vaivenes del sentimiento amoroso que plasma en su poesía.
Garcilaso encarna el perfecto cortesano que tanto admiraba el Renacimiento: soldado, hombre de palacio, poeta y amante. Los sentimientos que se reflejan en este poema guardan un gran equilibrio y las ideas platónicas sobre el amor también quedan patentes en el texto (el alma ideal como modelo de otra).

[Tema] El tema es, evidentemente, el amor. El poeta habla de dos almas que están predestinadas a encontrarse (yo no nací sino para quereros) y esto llega a un ámbito incluso religioso ( de tanto bien lo que no entiendo creo), aunque este encuentro amoroso nunca tendrá lugar. Se mantiene así el modelo de amor cortesano renacentista por el que el poeta guardará silencio en cuanto a sus sentimientos por no deshonrar a su dama (…que aun de vos me guardo en esto).

[Estructura] Se trata, como ya se ha dicho, de un soneto petrarquista clásico, formado por dos cuartetos más dos tercetos con rima consonante ABBAABBACDECDE.
En los cuartetos se nos muestra la importancia de este amor con dos metáforas: el alma como papel en el que la amada escribe y la amada como motivo de fe, al igual que Dios. En los tercetos esta idea se refuerza mostrando el poeta que su existencia sólo tiene sentido por su amada.

[Análisis de la forma] Nos encontramos en el primer cuarteto con la aliteración del sonido /S/: debemos pensar que el poeta está revelando un secreto en voz baja, susurrando casi, ya que se trata de algo que no quiere revelar ni a la misma amada. Como ya se ha dicho anteriormente, en este primer cuarteto, aparece la metáfora más audaz y original del poema: el alma del poeta como papel donde la amada va plasmando los sentimientos que dan origen al poema. El poeta entonces ha interiorizado y es un reflejo de la amada, que dicta las palabras de este poema (idea de amor platónico).
Los cuartetos se encuentran entrelazados mediante una anadiplosis con el fin de no abandonar el tema: el poeta hace hincapié en la permanencia eterna de este sentimiento mediante la repetición del verbo estar y el adverbio siempre. La metáfora alcanza aquí un nuevo plano casi místico puesto que el poeta está extasiado por su dama, al igual que los cristianos lo estamos ante Dios. Y al igual que los cristianos, la fe es ciega e irracional (tópico amoroso): no se entiende pero se cree. En este mismo cuarteto nos encontramos con una hipérbole que señala que es tan grande la presencia de la amada que el alma del poeta no puede asimilarla (visión cristiana de Dios).
En el primer terceto hay un giro: mediante una nueva hipérbole en el primer verso (yo no nací sino para quereros) el poeta aparece sin libertad, predestinado a querer eternamente a esta mujer, mostrándose otra vez una estrecha relación con el cristianismo, que entiende que el hombre existe para amar a Dios, aunque el cristiano es más libre que Garcilaso en este poema.
Esta falta de libertad queda también reflejada en una personificación, la del alma que con autonomía propia, sin la participación de la voluntad del poeta, no copia ni calca ya, sino que se recorta así misma siguiendo el patrón de la amada.
Es ya al final del poema cuando el sentimiento desborda el equilibrio del amor renacentista. Si bien el poeta debe la vida a su amor, éste, a su vez, le da la muerte. Estos dos magníficos últimos versos están construidos sobre la anáfora y el paralelismo y dos imágenes antitéticas: la vida y la muerte.

[Conclusión] Tenemos entonces una clara y bella muestra de lo que fue el amor cortesano y renacentista, aunque con reminiscencias de la canción castellana del siglo anterior: el sufrimiento y muerte voluntarios del enamorado. Garcilaso superó a Petrarca en saber velar elegantemente sus pasiones y sentimientos, dando muestra de su maestría en la construcción de sonetos, que siendo una estrofa muy rígida, aparece en todo momento perfectamente equilibrada y fluida.

martes, 27 de septiembre de 2011

COMENTARIO DE TEXTO SONETO XXIII DE GARCILASO DE LA VEGA




                                    
                                       En tanto que de rosa y azucena
                                   se muestra la color en vuestro gesto,
                                   y que vuestro mirar ardiente, honesto,
                                   enciende el corazón y lo refrena,
                        5             y en tanto que el cabello, que en la vena
                                   del oro se escogió, con vuelo presto
                                   por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
                                   el viento mueve, esparce y desordena:[1],
                                      coged de vuestra alegre primavera
                        10       el dulce fruto antes que el tiempo airado
                                   cubra de nieve la hermosa cumbre.
                                      Marchitará la rosa el viento helado,
                                   todo lo mudará la edad ligera
                                   por no hacer mudanza en su costumbre.

Localización


Esta composición lírica es una de las mejores y más conocidas del poeta toledano Garcilaso de la Vega (1501-1536), introductor, junto con Boscán, de la lírica renacentista de influencia italiana y máximo exponente de este movimiento poético durante la primera mitad del siglo XVI. Garcilaso representa al perfecto cortesano renacentista del que hablaba Castiglione, pues conjuga en su persona “armas y letras”. Considerado como el primer poeta moderno por su tratamiento del tema amorso, cultivó una poesía intimista, melancólica, cuyo estilo se caracteriza por la claridad, la naturalidad y el buen gusto.

Su producción literaria, exclusivamente poética, es breve; en metros italianistas: tres églogas, dos elegías, cinco canciones, una oda, una epístola y treinta y ocho sonetos. El poema que nos ocupa es el soneto XXIII y está dedicado probablemente a Isabel Freyre, dama portuguesa de la reina y musa de su poesía. Este poema lírico, perteneciente a su época de plenitud (iniciada a partir de 1532), demuestra el perfecto manejo del arte italianista que poseía Garcilaso.

Tema


 Recrea el tópico literario del “carpe diem” (exhortación al aprovechamiento de la juventud), proveniente de la literatura clásica latina (Horacio y Ausonio), que fue muy grato a los autores renacentistas, puesto que refleja un sentido pagano de la existencia, impregnado de vitalismo, característico de la nueva manera de entender la vida.

Se dirige en él a una mujer (quizás Isabel Freyre, dama portuguesa que fue la musa de la  mayor parte de sus composiciones) para exhortarla a que aproveche su juventud y su belleza. Para ello realiza una descripción de ciertos aspectos de su físico (color del rostro, mirada, cabello, cuello) resaltando su hermosura juvenil y advirtiéndole metafóricamente que viva intensamente antes de que el paso inexorable del tiempo la conduzca al invierno de su vida. Finalmente concluye destacando la acción destructora del tiempo y su vertiginosidad.

            Estructura

a) Estructura externa: nos encontramos ante un soneto de estructura clásica, compuesto por 14 versos endecasílabos de rima consonante, distribuidos en dos cuartetos (ABBA ABBA) y dos tercetos  (CDE DCE). Recordemos que el soneto, estrofa culta de origen italiano, introducida y aclimatada en la lírica española gracias a Juan Boscán y a Garcilaso de la Vega, se ha venido utilizando desde entonces, con mayor o menor intensidad, a lo largo de toda la historia de la literatura española.

b) Estructura interna: podríamos considerar dos apartados generales:
  • Primer apartado: comprende los dos cuartetos y el primer terceto (vv. 1-11). El poeta se dirige en concreto a una dama para que aproveche su juventud y hermosura.
En este primer apartado se observan dos subapartados:
-         Los dos cuartetos (vv 1-8). Descripción de la belleza física de una dama en su presente de juventud, siguiendo el canon de belleza de la mujer renacentista. (“Descriptio puellae”)
-         El primer terceto (vv. 8-11), donde se explicita el tópico del “carpe diem”, exhortando metafóricamente al aprovechamiento de la juventud.
  • Segundo apartado: comprende el segundo terceto (vv. 12-14). Se trata de una conclusión general, también en forma metafórica. Nos habla en abstracto sobre el efecto devastador del paso del tiempo que conduce a la vejez y  a la muerte. (“Tempus fugit”)

Análisis formal atendiendo al contenido

 

Puede realizarse de dos maneras:

l        Modelo A (análisis verso a verso)
l        Modelo B (análisis atendiendo a lo diferentes niveles del lenguaje)

Modelo A
            Los dos primeros cuartetos, conectados por subordinación sintáctica temporal al primer terceto, en el que aparece la idea central del poema, muestran la descripción física de una mujer (2ª persona a la que se dirige el poema) en su presente de juventud. Para remarcar precisamente la importancia del paso del tiempo y su fugacidad, utiliza Garcilaso desde el primer momento proposiciones temporales:  el nexo “En tanto que” (repetido en tres ocasiones: dos de forma expresa y una mediante elipsis) introduce el presente y éste implica hermosura y juventud.

La “descriptio puellae” ubicada en los cuartetos no presenta una ordenación estricta (color del rostro, mirada, cabello, cuello); predomina en ella la prosopografía (descripción física), si bien aparecen ciertos rasgos de etopeya (descripción psíquica o moral). Mediante hipérbaton  (“de rosa y azucena/se muestra la color en vuestro gesto”) destaca el semblante pálido y sonrosado en los pómulos, expresado mediante metáforas coloristas: “de rosa y azucena” (identificación con elementos de la naturaleza: dos flores). Da la sensación de que el poeta no quiere fijar unos rasgos puramente físicos, sino trascenderlos: con la metonimia “vuestro gesto”, se refiere al semblante, al rostro, dando así una impresión de fugacidad. De la misma manera elude hablar de los ojos para hacerlo de la forma en que éstos miran, de nuevo lo expresa mediante lo que podríamos considerar otra metonimia: el infinitivo con función nominal: “vuestro mirar”, que posee como el color del semblante dos términos adjetivadores: “ardiente, honesto” (que aparecen en anítesis). El fuego es, en la terminología poética renacentista, un símbolo del amor apasionado, y la mirada de la dama es a la vez “amorosa” (ardiente) e inocente, pura (honesto). Recordemos el idealismo típico del Renacimiento en el tratamiento del amor. En consonancia con lo anterior, en el v.4 se nos da la explicación: “enciende el corazón y lo refrena”, metafóricamente su mirada puede “encender pasiones”, sin embargo su inocencia serena la exaltación que suscita al ser contemplada su belleza. De nuevo aparece la antítesis en relación cruzada con el verso anterior: ardiente-enciende/ honesto-refrena.

            En el segundo cuarteto se describe el cabello y el cuello de la muchacha. Se pondera el color rubio de su cabello (ideal renacentista), sublimado mediante una metáfora hiperbólica, expresada por una proposición subordinada de relativo: “que en la vena del oro se escogió” (seleccionado entre el oro más puro). La imagen del cabello en movimiento (metáfora: “con vuelo presto”) debido a la acción del viento, otro elemento extraído de la naturaleza, incide en la caracterización de ese cabello, pues da la sensación de viveza y suavidad. Garcilaso muestra la acción del viento sobre la cabellera de la muchacha: “mueve, esparce y desordena”, gradación climática en tres términos (simetría renacentista) por “el hermoso cuello blanco, enhiesto”. No utiliza en la descripción del cuello ninguna metáfora, es suficiente la presentación de tres adjetivos en simetría con los tres verbos que aparecerán en el verso siguiente. Todo lo relacionado con el sentido de la vista cobra realce en la poesía garcilasiana.

En consonancia con el carácter descriptivo, domina en los dos cuartetos el estilo nominal[2], aunque sea en el segundo cuarteto donde encontremos mayor cantidad de formas verbales. Las tres formas verbales en presente de indicativo, tiempo habitual en los cuartetos,  (“mueve, esparce y desordena”, v.8) introducen un mayor dinamismo que precipita la presentación del tema; sin embargo, no se rompe el esquema nominal pues para equilibrar ha situado estratégicamente Garcilaso una tríada de adjetivos referidos a “cuello” en el verso anterior (v.7).

            En el primer terceto se formula o presenta la idea central. Se inicia con una forma verbal en imperativo (siguiendo la tradición del “carpe diem”); a la vez que el poeta se dirige a la mujer concreta, puede hacer una exhortación extensiva a los lectores. Se ha producido una ruptura dentro del sistema de las formas verbales del texto. El hipérbaton del verso 9: “coged de vuestra alegre primavera/el dulce fruto” tiende a remarcar mediante la metáfora de la juventud el aprovechamiento de ésta y, por otra parte, introduce un nuevo tópico que seguirá desarrollando, en forma de alegoría, a lo largo de los dos tercetos, nos referimos a la identificación de las estaciones del año con las edades del hombre. El esquema epíteto+metáfora natural: “alegre primavera” se repite en “dulce fruto”. Si la primavera se identifica con la juventud, el “dulce fruto”, como producto de ésta, podría entenderse como el amor. De nuevo se impone la idea del tiempo y la advertencia del poeta, que se vale de un nuevo conector temporal (“antes que”) dependiente del imperativo “coged” y de un presente de subjuntivo con valor de futuro próximo para recalcar las consecuencias negativas del paso del tiempo e incidir nuevamente en el aviso propio del “carpe diem”: “antes que el tiempo airado” (personificación, metáfora del invierno), “cubra de nieve la hermosa cumbre”. Siguiendo idéntico esquema que en los versos 9 y 10, se evoca, mediante metáforas, el invierno de la vida, representado por el cabello blanco (“nieve”), mientras que “la hermosa cumbre” hace referencia a la cabeza de la dama.  La antítesis es otro recurso destacable. El contraste entre el presente (=belleza y juventud) y el futuro (=ajamiento y vejez) se manifiesta en términos de connotaciones positivas y negativas: dulce fruto/tiempo airado, alegre primavera/viento helado, etc. 

En cuanto al segundo apartado, el segundo terceto, conclusivo, se inicia remarcando mediante hipérbaton el tópico del “tempus fugit”: “Marchitará la rosa el tiempo helado”, con un futuro imperfecto de indicativo (“marchitará”). Continúa con la alegoría del terceto anterior al hablarnos, mediante términos metafóricos extraídos del medio natural, del invierno y sus inclemencias, “el viento helado” quizá connote ya la idea de la muerte. Por otra parte, aparece también la “rosa” como símbolo y metáfora de la vida (=Ausonio), y más en concreto de su fugacidad; la juventud posee idéntica duración que el esplendor de una rosa. Un nuevo hipérbaton: “Todo lo mudará la edad ligera” recalca la inexorabilidad del transcurso temporal, aquí representado como “edad ligera”. El políptoton (“mudará/ mudanza”) y la personificación  (“en su costumbre”) remarcan la misma idea, ya que el tiempo no puede dejar de transcurrir. En el segundo terceto la adjetivación cobra tintes negativos: “viento helado”, “edad ligera”, en referencia a los efectos devastadores del paso del tiempo en el futuro. Se da una oposición en el sistema de los adjetivos que refuerza la contraposición: Presente = Juventud = Positivo / Futuro = Vejez = Negativo. Lógico, puesto que Garcilaso está exhortando al disfrute del momento presente.

           





            Modelo B[3]


l        Plano fónico 
            Destacaremos el ritmo tonal de las estructuras oracionales: todas ellas enunciativas afirmativas, excepto en el caso de la proposición donde se formula el tema del “carpe diem” (“coged de vuestra alegre primavera…”) que adopta una modalidad exhortativa; al ser la única gana en fuerza, en importancia, y se reafirma como núcleo de la idea principal.
           
En cuanto a la métrica, se trata de un soneto, composición constituida por dos cuartetos (ABBA, ABBA) y dos tercetos (CDE,DCE), de rima consonante. El soneto, poema italianista, fue adaptado definitivamente a la literatura en lengua castellana por Garcilaso.

l        Plano  morfosintáctico
            La adjetivación adquiere una gran relevancia. Debido a su carácter descriptivo en los dos cuartetos domina el estilo nominal, en ellos realiza la descripción de una mujer concreta a la que el poeta se dirige, la utilización de los determinantes adjetivos posesivos (“vuestro gesto”, “vuestro mirar”) así nos lo indican. La adjetivación, muy abundante, posee connotaciones positivas : “mirar ardiente, honesto”, “clara luz”. “vuelo presto”, hermoso cuello blanco, enhiesto”; en el primer terceto los adjetivos son epítetos: “alegre primavera”, “dulce fruto”, “hermosa cumbre”, también con connotaciones positivas. La excepción dentro del primer terceto la constituye: “tiempo airado”, que anticipa la acción destructora del devenir temporal.

            Con el segundo terceto la adjetivación cobra tintes negativos: “viento helado”, “edad ligera”, en referencia a los efectos del paso del tiempo en el futuro. Se da una clara oposición en el sistema de los adjetivos que refuerzan la contraposición: Presente=Juventud=Positivo/ Futuro=Vejez=Negativo. Lógico, puesto que Garcilaso está exhortando al disfrute del momento presente.

            En cuanto al sistema de los tiempos verbales , observamos su adecuación a la estructura del contenido y a la intención del poeta: presente en los cuartetos descriptivos; imperativo, en el primer terceto, es decir, en la exhortación; y futuro, en el segundo terceto, para expresar los estragos del paso del tiempo.

            El momento de mayor dinamismo expresivo se da en el v. 8 (“el viento mueve, esparce y desordena” ), la tríada de formas verbales en presente de indicativo precipitan la presentación del tema, sin romper el equilibrio al presentarse a continuación tres adjetivos referidos a “cuello” (“hermoso, blanco, enhiesto”).

                Sintácticamente hay que señalar la disposición de los dos cuartetos respecto al primer terceto, conectados por subordinación sintáctica temporal (coged, como verbo principal y los conectores temporales “en tanto que”, que se presentan de forma anafórica ), para realzar la importancia del paso del tiempo y su fugacidad. En el primer terceto encontramos un nuevo conector temporal dependiente del mismo imperativo (“antes que”) , introductor de un presente de subjuntivo con valor de futuro próximo, que recalca las consecuencias negativas del paso del tiempo.

                En cuanto a la construcción de la frase, llama la atención el uso del hipérbaton, en casi todas las estrofas existe algún ejemplo, siempre con la finalidad de realzar el elemento que pasa a primer término. El más exagerado se encuentra en el segundo cuarteto, todo él un hipérbaton.


l        Plano léxico-semántico
            La tópica descripción ubicada en los cuartetos no presenta una ordenación estricta (color del rostro, mirada, cabello, cuello); en ella predomina la prosopografía (descripción  física), si bien aparecen ciertos rasgos de etopeya (descripción psíquica o moral).

En el primer cuarteto:
Los dos primeros elementos descritos dan la sensación de que el poeta no quiere fijar unos rasgos simplemente físicos, sino trascenderlos: utiliza metonimias (“vuestro gesto”, para indicar el rostro ; “vuestro mirar” al referirse a sus ojos). Se destaca el semblante pálido y sonrosado en los pómulos, mediante metáforas coloristas extraídas del medio natural (“de rosa y azucena”). Su mirada posee dos términos adjetivadores que aparecen en antítesis (“ardiente, honesto”). El fuego es, en la terminología poética renacentista, símbolo de la pasión y la mirada de la dama es a la vez “amorosa” e inocente, pura. En consonancia con lo anterior en el v.4 nos da la explicación: metafóricamente su mirada puede encender pasiones (desencadenar la tempestad) y a la vez con su honestidad, su inocencia  (“clara luz”) serenarlas. De nuevo aparece la antítesis en relación con el verso anterior: ardiente-tempestad/ honesto-serena.


Segundo cuarteto:
Del cabello se pondera el color rubio, ideal renacentista, sublimado mediante una metáfora hiperbólica  (“que en la vena del oro se escogió”), seleccionado entre el oro más puro. La imagen del cabello en movimiento (metáfora: “con vuelo presto”), debido a la acción del viento, elemento natural, incide en caracterizar el cabello con sensación de viveza y suavidad. Muestra la acción del viento sobre la cabellera de la muchacha: “mueve, esparce y desordena”, gradación climática en tres términos (simetría renacentista) por “el hermoso cuello blanco, enhiesto”. No utiliza en la descripción del cuello ninguna metáfora, es suficiente la presentación de tres adjetivos en simetría con los tres verbos que aparecerán en el verso siguiente. Todo lo relacionado con el sentido de la vista cobra realce en la poesía garcilasiana.

La naturaleza nutre la poesía de Garcilaso de recursos estilísticos, se manifiesta en la mayor parte de las metáforas del texto, concretamente para describirnos el arquetipo de la mujer hermosa renacentista , así como en el tópico desarrollado en los tercetos, es decir, la identificación de las estaciones del año con las edades del hombre.

Primer terceto:
Pasando a los tercetos encontramos el tópico ya señalado (estaciones del año=edades del hombre). El hipérbaton del verso 9: “coged de vuestra alegre primavera/el dulce fruto” tiende a remarcar mediante la metáfora de la juventud el aprovechamiento de ésta y, por otra parte, introduce el nuevo tópico que seguirá desarrollando en alegoría a lo largo de los dos tercetos. El esquema: epíteto+metáfora extraída de la naturaleza (“alegre primavera”),  se repite en “dulce fruto”. Si la primavera se identifica con la juventud, el dulce fruto, como producto de ésta, puede entenderse como el amor. De nuevo se impone la idea del tiempo y la advertencia del poeta: “antes que el tiempo airado” (metáfora del invierno), “cubra de nieve la hermosa cumbre” siguiendo idéntico esquema que en los vv. 9 y 10, se evoca el invierno de la vida, representado por el cabello blanco. La antítesis es otro recurso que debemos destacar. El contraste entre el presente (=belleza y juventud) y el futuro (=ajamiento y vejez) se manifiesta en téminos de connotaciones positivas y negativas: dulce fruto/ tiempo airado, alegre primavera/ viento helado, etc.

Segundo terceto:
Se inicia remarcando mediante hipérbaton la acción destructora del tiempo: “Marchitará la rosa el viento helado”, continúa la alegoría del terceto anterior al hablarnos, mediante términos metafóricos extraídos de la naturaleza, del invierno y sus inclemencias, “el viento helado” connota ya la idea de la ¿muerte?. Por otra parte, aparece también la “rosa” como símbolo y metáfora de la vida y su fugacidad, la juventud posee idéntica duración que el esplendor de una rosa. El políptoton mudará/mudanza refuerza la idea de los cambios que produce el paso del tiempo.


            Conclusión

            No hay pesimismo en la exhortación garcilasiana al goce de la juventud, sino un reflejo palpable del vitalismo renacentista. Transmite el poema una sensación de equilibrio y serenidad marcados por el ritmo remansado y lento (estilo nominal en general), por la armonía de su forma. Incluso el cromatismo es suave (blanco, amarillo, rosa...). Resaltaremos la importancia de la naturaleza que es en él fuente de recursos (metáforas especialmente), utilizados para describirnos al arquetipo de la mujer hermosa renacentista, así como para la presentación del tópico literario mediante el que se identifican las estaciones del año y las edades de la vida. La adjetivación sensorial, el uso del epíteto, las estructuras formadas por dos o tres elementos, características del estilo de Garcilaso, pueden rastrearse en el poema. Es importante también la organización sintáctica de los materiales lingüístico en ensamblaje perfecto con el tema que se desarrolla: nos referimos a la utilización de conectores temporales y, especialmente, al juego de formas verbales presentes en el poema: presente en los cuartetos descriptivos, imperativo, en el primer terceto, es decir, en la exhortación, y futuro, en el segundo terceto, para expresar los estragos del paso del tiempo.



[1]              “con clara luz la tempestad serena”, en otras versiones.
[2]              La adjetivación, muy abundante, posee connotaciones positivas: “mirar ardiente, honesto”, “vuelo presto”, “hermoso cuello blanco enhiesto”.
[3]              Este comentario refleja una variante del verso 4 “con clara luz la tempestad serena” en lugar de “enciende el corazón y lo refrena”.